SEMBRANDO JUNTOS, SANAMOS JUNTOS

Por: Ximena Ureta

Ximena Ureta
25 años
Ingeniera Ambiental Cum Laude – URL
Entusiasta de promover la investigación acción participativa en Guatemala, sobre todo en temas de incidencia ambiental. Ecologista, pero en palabras de Facundo Cabral: marxista reciclada. Emergiendo desde la ciudad hasta el bosque más profundo.

El pasado 10 de septiembre del 2021, 450 familias de 4 municipios de Alta Verapaz dijeron “presente”, arrancando la siembra de más de 62 mil especies forestales que aportarán en la regeneración de los ecosistemas vivos de sus comunidades, para así reducir los riesgos derivados del cambio climático y la crisis ambiental. Esta campaña de reforestación masiva responde a la urgencia global de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. También tiene una particular relevancia desde una mirada local, ya que Alta Verapaz fue afectado significativamente durante el 2020 por las Tormentas ETA e IOTA. Dichas tormentas están asociadas directamente con los riesgos derivados de los cambios en promedios de temperatura y patrones de lluvia, asociados con el Cambio Climático.

Esta actividad es promovida por la asociación Maíz de Vida, en el marco del proyecto “Camino Verde”. Desde el 2019 han estado trabajando para fortalecer el empoderamiento económico verde de las mujeres y jóvenes indígenas de Alta Verapaz. Para este artículo, platicamos con Hary Cacao, miembro de la organización y encargado directo de esta reforestación.

¿Cuál es el objetivo general del Proyecto Camino Verde?

El proyecto Camino Verde es un consorcio de 5 organizaciones en Alta Verapaz. Estamos abordando varias temáticas con relación a cómo apoyar iniciativas económicas limpias, sostenibles e innovadoras para propiciar el desarrollo en el marco del cuidado de los derechos ambientales y los Derechos Humanos. Se compone de: ASOMTEVI, Asociación Nuevo Horizonte, CICAM, APROBASANK y Socialab – Oxfam Guatemala/Canadá. El objetivo principal  es el empoderamiento económico de mujeres y jóvenes indígenas de Alta Verapaz en los municipios de Cobán, Chisec, Raxruhá, San Agustín Lanquín, San Pedro Carchá y San Juan Chamelco.

¿Cuántos años dura el proyecto, y en qué etapa están actualmente?

Estamos en el año 3, y actualmente estamos apoyando a ciertas iniciativas económicas lideradas por jóvenes pertenecientes a comunidades rurales, desde tecnologías innovadoras y la vinculación de acciones para generar ingresos económicos. Trabajar esto en Guatemala sigue siendo un desafío, pues todavía no contamos con todos los marcos regulatorios relacionados con derechos ambientales. También tenemos esta gran campaña de reforestación, donde se propone vincular acciones con comunidades y sus conocimientos ancestrales en cuanto a los semilleros y el cultivo de las diferentes especies de árboles nativas del pueblo Q’eqchi’. Todas estas acciones buscan la preservación de bosques energéticos, de las montañas y de los cerros, que son muy sagrados dentro de la cosmovisión del pueblo Q’eqchi’.

Vivero comunitario en Mucbilha’, Raxruhá. Foto de Asociación Maíz de Vida

Hace unas semanas llevaron a cabo una jornada de reforestación, y usted estuvo a cargo de la gestión de principio a fin, ¿podría contarnos cómo fue el proceso?

Esta jornada de siembra de más de 62,000 árboles, llamada “Sembrando, Sanamos La Tierra” es parte de las actividades que se entienden dentro del marco del proyecto Camino Verde, pero además también responde a esta necesidad ambiental que tiene Alta Verapaz, que aún se enfrenta a muchos desafíos en cuanto a la preservación y cuidado del medio ambiente. Para seguir complementando el eje central dentro de Camino Verde, el cual es empoderamiento económico en comunidades indígenas, sobre todo del pueblo Q’eqchi’, continuamos con la reforestación. Las personas también buscan concientizar a la población de que parte de lo que sucedió anteriormente también tiene que ver con la acción del hombre, pues hemos sido poco agradecidos por la naturaleza. 

Empezamos como un proceso de identificación de viveros comunitarios, los cuales están integrados y administrados por líderes y lideresas comunitarias del pueblo Q’eqchi’. Fue un proceso beneficioso para ambas partes, pues su trabajo les generó ingresos al mismo tiempo que nos proveyeron de especies nativas, vinculando los conocimientos ancestrales, tales como la fase lunar para el crecimiento y desarrollo de las plantas. En Chisec se trabajó con un vivero comunitario local de Setz’i compuesto por 27 personas de todas las edades. En el caso de Raxurhá se hizo el vínculo con el vivero comunitario de la Asociación Campesina para el Desarrollo Agrícola Sechaj (ACDAS), liderado por el señor José María Ical dentro de la Cooperativa Sechaj. En el área de Lanquín se ubicó un vivero comunitario que también es liderado por jóvenes Cahaboneros. En su mayoría son jóvenes quienes fueron los que estuvieron propiciando el cultivo de los de los arbolitos, desde la creación de los semilleros en los almacenes para luego ser trasladados a la comunidad. Luego del proceso de identificación de los viveros, se ubicaron las comunidades que querían adentrarse a esta gran campaña de reforestación, siendo la primera comunidad con quien se hizo un vínculo directo Mucbliha’ en el municipio de Raxruhá. Ahí, alrededor de 100 familias se involucraron en la campaña de reforestación, donde previamente se hizo un consenso con los líderes comunitarios y en una la asamblea comunitaria donde se detalló el proceso de reforestación. Para nuestra sorpresa, las comunidades estuvieron muy entusiasmadas y con mucho interés, incluso recibimos algunos comentarios de que ven necesaria la intervención de este tipo de actividades para preservar el medio ambiente en lugares con una alta afluencia turística, como el caso de la reserva comunitaria de Mucbilha’ que consta aproximadamente de 15 – 20 caballerías. Se trasladaron alrededor de 10,000 árboles para ese primer evento.

En Sesuchaj, Chisec, fueron alrededor de 10 familias que tenían grandes extensiones de tierra, y acordaron trabajar la reforestación en 2 hectáreas por familia. Se hizo entrega de alrededor de 5,500 especies de árboles. Las especies que se trabajan en el proyecto son: forestales (caoba, cedro, ramón, santamaría) y productivas (chico zapote, canela, clavo de olor, pimienta, pimienta gorda, cacao). Se buscó establecer sistemas agroforestales donde se fueran a sembrar los arbolitos, para intermediar especies forestales y productivas-agrícolas.

Una de las comunidades más afectadas por las tormentas Eta e Iota es Sesajal, Carchá, la cual estuvo casi mes y medio inundada, por lo que son éstas comunidades las que están interesadas y entusiasmadas de adherirse a la campaña de reforestación. De momento, se han entregado alrededor de 5,000 especies de árboles entre 95 familias ahí. En Rubelho, Chisec, fueron 10 familias con grandes extensiones de tierra, donde se distribuyeron alrededor de 3,000 especies de árboles. La comunidad de Campur, es donde inició formalmente la gran campaña de reforestación. La comunidad de Setal es de las más grandes, con un involucramiento de alrededor de 120 familias y una siembra de 24,000 especies. Ellos ven la necesidad de empezar a vincular esfuerzos para recuperar esos espacios verdes que existían antes de las tormentas Eta e Iota, entonces siempre se buscan momentos para concientizar lo importante que es la convivencia con la naturaleza. Fue parte de las peticiones de las comunidades trabajar ese vínculo con la naturaleza, pues al final nos aporta a nuestro bienestar como pueblo Q’eqchi’. Al final esa es nuestra convivencia como pueblos originarios, con los cerros o Tzuultaka y el agua, los cuales para el Estado son un recurso más, pero para nosotros son nuestros amigos con quienes convivimos día a día.

El factor común de todas estas comunidades con las que trabajamos es que fueron directamente afectadas por las tormentas Eta e Iota, las cuales se acercaron por su propia cuenta a raíz de su interés por el cuidado de la naturaleza. El Estado aún no ha respondido a las necesidades que aún aquejan a estas comunidades que fueron afectadas directamente por las tormentas. Totalizando la cantidad de árboles, son aproximadamente más de 62,000  especies de árboles con las que se ha iniciado a reforestar en Alta Verapaz.

Entrega de pilones de diversas especies nativas en Campur, San Pedro Carchá. Foto de Asociación Maíz de Vida

¿Cómo les fue en la actividad del viernes 10 de octubre? ¿Qué reflexiones le dejó este espacio?

El pasado 10 de octubre arrancamos con la reforestación de los 62,000 árboles en Campur, San Pedro Carchá. Iniciamos con una ceremonia maya, para tener esta pertinencia cultural de la visión del pueblo Q’eqchi’ con la madre naturaleza, con el corazón del cielo y de la tierra y Tzuultaka. Al final, los elementos naturales como los cerros, las cuevas, los ríos y los árboles tienen vida para nosotros y por eso es importante pedir un permiso y luego agradecer ese permiso. Aún persiste esa convivencia del ser humano con la con la naturaleza. Un k’atol mayej, o guía espiritual del pueblo Q’eqchi’, guió este momento ceremonial y espiritual. Luego dimos paso a la actividad, con una participación muy positiva de parte de los comunitarios. Habían representantes de varias comunidades que se involucraron en la campaña de reforestación desde el inicio, asesorando desde el conocimiento ancestral la forma en cómo se tenían que sembrar  las distintas especies de árboles y su distribución. Vimos con mucha alegría a las personas por los arbolitos que recibieron, recalcando los acuerdos de la siembra y el monitoreo para el transcurso del crecimiento del arbolito. Luego de la distribución de alrededor de 12,600 arbolitos, se sembraron los primeros 80 arbolitos en el terreno de una de las familias. Es muy alegre ver la participación de mujeres, jóvenes y jóvenas, de los líderes y lideresas comunitarias e incluso de niños y niñas.

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