UNA PERSPECTIVA ECONÓMICA EN LA ACCIÓN CLIMÁTICA

Por: Laura Calvimontes

Laura Calvimontes, 25 años

Ingeniera en Ambiente y desarrollo, EAP Zamorano  

Me apasiona aprender sobre la naturaleza, las culturas y cómo funciona el mundo. Interesada en promover debates y discusión de temas de interés actual, así como proveer canales de simplificación y acceso a información científica para y cimentar las bases de un progreso ecológico, económico y social informado

El debate actual sobre los mecanismos para combatir el cambio climático gira en torno a una reducción de las emisiones  de CO₂, lo más rápido posible por cualquier medio necesario. Un discurso repetido por los medios de comunicación,  políticos y comunidad científica de todo el mundo. Después de los 25 años de la convención RIO +20 con el desarrollo de  la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC siglas en inglés), y las múltiples  iniciativas, esfuerzos y recursos internacionales y globales destinados a la reducción de emisiones globales, los niveles de CO₂, gases de efecto invernadero, temperaturas, etc. continúan aumentando.

Como dijo William Nordhaus en 2018, “El  cambio climático sigue siendo uno de los principales desafíos ambientales internacionales que enfrentan las naciones.  Hasta ahora, las naciones han adoptado políticas mínimas para frenar el cambio climático. Además, no ha habido una  mejora importante en las tendencias de emisiones a partir de los últimos datos”. El cambio climático es un problema  serio que debe abordarse, que representa y representará una cantidad sustancial de problemas si se deja continuar su  curso actual. Pero sin la inclusión de una base económica sólida para dar forma a esas decisiones, estamos destinados a  seguir avanzando por el camino actual. 

El Consenso de Copenhague (The Copenhagen Consensus), una organización centrada en encontrar caminos eficaces para, “Hacer el mayor bien para la mayoría de las personas”, dio su primera conferencia en 2004 y comenzó su trabajo para crear un marco de priorización para resolver problemas de escala global. Dentro de su trabajo enfocado a la priorización de las diferentes acciones y planes de inversión internacional y global para el desarrollo sostenible de las naciones se  generó una evaluación sobre diferentes estrategias y soluciones climáticas para abordar el problema del cambio  climático.

Un panel de expertos1 clasificó y categorizó una serie de soluciones para determinar aquellas que resultarían en la mayor cantidad de beneficios netos al tener un presupuesto anual de USD 250 mil millones durante un período de  10 años. A partir de este análisis, encontraron que la peor respuesta al calentamiento global es la reducción de emisiones  a través de impuestos al carbono, y aún menos efectiva fue la estrategia basada en la reducción de emisiones de carbono. Mientras que las soluciones más rentables fueron: Investigación en tecnología de gestión de radiación solar la cual es una política  diseñada para promover el desarrollo más rápido de tecnología verde y finalmente investigación sobre tecnología de almacenamiento de carbono. 

El profesor Richard Toll realizó el análisis sobre el momento más efectivo para reducir las emisiones de carbono y  descubrió que, debido a la falta de alternativas baratas a los combustibles fósiles, el costo de la reducción temprana de las emisiones (lo que significa una acción rápida) representaría $ 17,8 billones, mientras que las estrategias de reducir las emisiones en un siglo solo costaría $2 billones y, al hacerlo, observaríamos una mayor reducción de la temperatura y el  CO₂ para 2100. Para lograr el límite, las emisiones de CO₂ a menos de 2 °C por encima de la era preindustrial, la tasa de  impuesto al carbono debería ser de $68. Pero al hacerlo, habría una pérdida anual de $40 billones por año o una reducción  del 12% del PIB mundial para 2100. Mientras que las reducciones totales del PIB de 2100 que se evitarían al implementar  una política de este tipo solo serán del 2-3 por ciento (Lane, Bickel, Galiana, Green y Bosetti, 2009)2. Esto implica que  si decidimos no tomar las estrategias propuestas contra el aumento de temperatura (límite de 2 °C) el PIB mundial vería  una disminución del 2-3% en 2100, en comparación con la disminución del 12% si las políticas fueran seguidas al pie de la letra. Lo que esto significa, es que estamos cometiendo un gran extravío de recursos públicos; financiando políticas y  proyectos que representarán costos y daños reflejados en mal uso de fondos, mucho mayores que los beneficios  obtenidos. 

Se asigna poco espacio en el discurso público a la importancia de la priorización en las acciones globales. Especialmente  en lo que respecta a la ciencia del clima, el grado de politización e intervención mediática en la ciencia impide un análisis  crítico de la efectividad y validez de las acciones climáticas propuestas. Especialmente en lo que respecta a la viabilidad  financiera y económica, las propuestas de acción climática más populares son económicamente ineficaces y han tenido  poco impacto positivo. Las políticas deben ser evaluadas críticamente, cambiando aquellos aspectos que solo  obstaculizan los procesos de configuración de un futuro sostenible. En este punto, tenemos información, metodologías  y recursos disponibles para tomar decisiones informadas que maximizarán la cantidad de bien hecho en el mundo. 

Referencias

1Panel compuesto por Finn E Kydland (Nobel Laureate), Thomas C Schelling (Nobel Laureate), Vernon L Smith (Nobel Laureate), Nancy L Stokey (Frederick Henry Prince Profesor de Servicio Distinguido de Economía en la Universidad de Chicago), y  Jagdish Bhagwati (Pofesor en Columbia University). Reporte completo en: https://www.copenhagenconsensus.com/sites/default/files/cop15_policy_advice.pdf 

2Lane, L., Bickel, J. E., Galiana, I., Green, C., & Bosetti, V. (2009). Advice for Policymakers. In FIX THE CLIMATE. https://doi.org/10.1007/978-1-4684-4985-3_12

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