¡El suelo es un ente vivo!

Eliane Hauri, 46 años. Estudiante de Agronomía en la URL.

Llevo 10 años viendo que muchas agricultoras y muchos campesinos, protegen los bienes comunes, cultivan pequeños huertos orgánicos, tienen pequeñas cantidades de animales criollos y al  mismo tiempo, alimentan al mundo. 

El suelo es un ente vivo, es un bien común fundamental dónde parte el camino de nuestra alimentación, que yo quisiera limpio “del azadón al tenedor” por el bien de la salud humana y de la salud del planeta.

Mi interés por los suelos empezó por ahí en el año 2012 cuando aún vivía en Europa y veía cómo una pareja científica francesa, Claude y Lydia Bourguignon, se volvía famosa en los círculos de ecología, por las fórmulas shock que usaban en sus entrevistas. Claude y Lydia solían empezar sus declaraciones por: “los suelos están muertos. Los hemos masacrado, ya es un desierto lo que tenemos. El suelo no se tiene que labrar nunca; se ha violado la tierra” (Jeunehomme, 2017).

De mis primeras clases de la carrera de agronomía, una de las preguntas que recuerdo es: ¿será el suelo un ente vivo? Ya les respondo: sí lo es. Gracias a esta pareja mediática me fui interesando en ese tema tan importante para no solo la agricultura, sino que toda la biodiversidad.

En el 2015, la Asamblea General de la ONU declara el Año Internacional de los Suelos (1) y la FAO definió su importancia en su publicación de ese año sobre “Suelos y Biodiversidad”: “El suelo es uno de los ecosistemas más complejos de la naturaleza y uno d los hábitats más diversos de la tierra: alberga una infinidad de organismos diferentes que interactúan entre sí y contribuyen a los ciclos globales que hacen posible la vida. No hay ningún lugar de la naturaleza con una mayor concentración de especies que los suelos; sin embargo, esta biodiversidad apenas se conoce”. (2)

La importancia de los suelos

Me pareció interesante tomar como referencia para comprender la importancia de los suelos, una de las publicaciones del movimiento internacional Slow Food, que defiende sobre todo la buena alimentación. Con ese objetivo y por también defender las tradiciones regionales, Slow Food, que ahora existe en más de 160 países, fue fundada en los años 80 por el italiano Carlo Petrini. El movimiento evolucionó para dar cabida actualmente a una “aproximación global sobre la alimentación que reconozca las fuertes relaciones existentes entre nuestros alimentos, la cultura y nuestro planeta.”(3)

El lema del movimiento es “Bueno, Limpio y Justo”.

La alimentación tiene que ser sabrosa y fresca de temporada, formando parte de la cultura local; tiene que ser limpia con una producción que no perjudique el medio ambiente, el bienestar animal o la salud humana; y tiene que ser justa con su retribución para los productores y precio accesible a los consumidores.(4)

Entendemos así, como todo es un ciclo desde el suelo, hasta el punto final que es su plato y tenedor. 

Slow Food publicó en 2016 un estudio sobre la importancia de los suelos y afirma en su introducción: “El suelo es el único compartimento ambiental terrestre en el que confluyen e interactúan el resto de los compartimentos medioambientales. En efecto, el suelo es un bien común fundamental del cual depende la vida del planeta. Se ha considerado durante demasiado tiempo como un material inerte, solamente como un soporte donde cultivar sin tomar en cuenta su microflora y microfauna.” (Messa, 2016)(5)

Según la analista del estudio, Marta Messa, se afirma que el suelo ofrece un 99% de los suministros globales de alimento para consumo humano, filtra el agua de lluvia, la devuelve limpia, regula el clima, es un fijador de CO2 y es una reserva esencial tanto de carbono orgánico como de biodiversidad.(6)

Sin embargo, a pesar de su gran valor, el suelo está siendo amenazado: “está sujeto a muchos procesos de rápida degeneración (erosión, contaminación, salinización, sellado, etc.) casi todos, directa o indirectamente, causados por las actividades humanas” (7)

¿Cómo empezaron estas amenazas hacia el suelo?

Como lo recuerda la Dra. Vandana Shiva, ecologista y defensora de semillas nativas, la industrialización de la agricultura después de las dos guerras mundiales europeas sucedió porque la industria armamentística se reorientó para producir fertilizantes sintéticos y pesticidas. En efecto, las guerras fueron aceleradores de la industria química incipiente. En 1913, la síntesis del nitrógeno a partir de aire permitió no solamente producir explosivos, pero también fertilizantes nitrogenados (Shiva, 2016). (Según Slow Food, justamente, el 74 % de los fertilizantes minerales que se utilizan por todo el mundo son de nitrógeno, y en algunos países este porcentaje llega hasta un 90 %, junto con los efectos potenciales sobre el medio ambiente que este valor implica.) (8)

De igual manera, se sabe cómo los EE. UU. esparcieron el famoso herbicida y defoliante “agente naranja” en la selva durante la guerra de Vietnam para matarla, al igual que los cultivos del área, para finalmente matar a las poblaciones y soldados vietnamitas.(9) Los ingredientes del “agente naranja” eran fabricados por la empresa Monsanto, (ahora MonsantoBayer), conocida ahora por su venta de semillas transgénicas. El herbicida “agente naranja” era parte del programa de la guerra química usado por los Estados Unidos.  (10)

El nitrógeno en los suelos

La síntesis del nitrógeno a partir de aire que permitió producir explosivos, y también fertilizantes nitrogenados, provocó a lo largo del siglo XX, un exceso de nitrógeno causante del grave deterioro del suelo. Pues, demasiado nitrógeno en los suelos impide que las raíces de las plantas liberen nutrientes para los microorganismos.(11)

“Los valores máximos de nitrógeno en el suelo se alcanzan en áreas donde se practica la ganadería intensiva, la agricultura industrializada de fruta y verdura o la producción de cereales con uso de fertilizante excesivo”.(12)

“El uso más extendido de compuestos de nitrógeno en Europa son los fertilizantes en áreas dedicadas al cultivo de especies forrajeras para los animales. Sin embargo, las raíces de los cultivos no son capaces de absorber todo el nitrógeno de los fertilizantes que se aplican en el campo, y sucesivamente, cuando se da el pasto al ganado, tampoco los animales absorben todo el nitrógeno que este contiene, expulsándolo por la orina y los excrementos.” (13)

Marta Messa, la analista del estudio de Slow Food, describe como el exceso de nitrógeno (que a menudo se manifiesta en forma de nitratos) puede llegar hasta los ríos y filtrarse desde el suelo hasta los acuíferos, contaminando así fuentes de agua potable y dañando los ecosistemas acuáticos y marinos. Además, el exceso de nitrógeno en el suelo aumenta la mineralización de la materia orgánica, lo que a su vez causa una mayor pérdida de carbono del suelo. Los fertilizantes sintéticos han contribuido profundamente al empobrecimiento del suelo y han causado una reducción drástica de la tan importante materia orgánica necesaria. (14)

Cambio climático y consecuencias del suelo dañado

Según Messa, “una de las consecuencias más graves de la aplicación industrial al modelo agrícola es la contribución que esta tiene en el cambio climático.

El clima afecta a la formación del suelo y a cambio, el suelo afecta a la composición de la atmósfera, en particular a la cantidad de dióxido de carbono y otros gases invernadero. El cambio climático a su vez se convierte en otro agente que deteriora más el suelo y acelera su desertificación” (15)

Efectivamente, este estudio de Slow Food que reconoce la salud del suelo y la de los cultivos como un todo, afirma que “el suelo contiene más carbono que la atmósfera y que toda la vegetación terrestre juntas. Unos cambios relativamente pequeños en la cantidad de materia orgánica del suelo pueden tener efectos considerables en la atmósfera y en el calentamiento global“. Desde luego, podemos comprender cómo el cambio climático es entonces una grave amenaza para la seguridad alimentaria global”.(16)

La agricultura industrial y los suelos

La revolución agrícola del siglo XX, la llamada “Revolución Verde” de los años 70, fomentó uniformidad y sobre productividad de la agricultura, lo cual aumentó de manera contundente la producción y la rentabilidad. Esta “Revolución” fue un “proceso de desarrollo y expansión de semillas y técnicas agrarias de alta productividad habido en diferentes países del Tercer Mundo durante los años 60 y comienzos de los 70, bajo el impulso de un plan de la FAO.” (Fundación para el Debido Proceso, 2017)
La “Revolución Verde” incitó a la implementación de agricultura intensiva por medio de monocultivos (Carrera Ríos & Kucharz, 2006).

Los monocultivos han desgastado los suelos en el mundo por depender de un escaso número de variedades, para únicamente responder a las necesidades del mercado mundial y no responder a las necesidades de producir alimentos para la mayoría del planeta (Expansión de monocultivos a gran escala pone en peligro la pequeña agricultura en AL, 2014).

En Guatemala, los grandes monocultivos que conocemos como la caña, necesitan de cantidades importantes de fertilizantes y pesticidas, perjudiciales para la salud y el medio ambiente. (17)

La situación en Guatemala

Actualmente, en Guatemala, según el investigador José Miguel Leiva Pérez, la conservación de suelo no ocupa ninguna prioridad dentro de las estrategias de producción agrícola y de protección de los recursos naturales, a pesar de que el promedio nacional de pérdida de suelos en el país por erosión alcanza 148 millones de toneladas anuales (Leiva Pérez, 2016).

Según el Instituto de Agricultura; Recursos Naturales y Ambiente (IARNA) en su estudio del perfil del agro y ruralidad de Guatemala del 2014, existe un 37% de la superficie del país que está utilizado por debajo de su potencial máximo. Mientras tanto, el 15% de la superficie del país está usado para actividades que sobrepasan su capacidad. Se estima a 148 millones de toneladas de suelo que pueden perderse en ese 15% de la superficie del país por intensidad de uso y por erosión. El IARNA indica que igual en las tierras utilizadas adecuadamente hay un potencial de erosión.

Aspectos como la deforestación están ligados al proceso de erosión. Varias causas han dado origen a la pérdida y degradación de los suelos en Guatemala y entre ellas sobresalen la deforestación y actividades agropecuarias climáticamente no sostenibles. Y cómo ya habremos entendido, la agricultura es la actividad que representa el mayor porcentaje de erosión potencial debido al sobre uso de la tierra (Leiva Pérez, Pérdida acelerada de tierras agrícolas en Guatemala, Programa de Cambio Climático, Facultad de Agronomía, USAC., 2017).

Leiva Pérez afirma que es evidente la vulnerabilidad del país ante el fenómeno del cambio climático, el cual está acelerando los procesos de sequía y degradación de la tierra en el país. La pérdida de suelos agrícolas y el deterioro general de las tierras expone, a un número significativo de la población rural de país, a procesos de inseguridad alimentaria. (18)

Según este autor, actualmente no existe en el país ninguna normativa legal que aborde la gestión sostenible de las tierras, especialmente en lo relacionado con la conservación de suelos y su rehabilitación.

En conclusión, se espera que entendamos como todo es un círculo que tenemos que respetar y comprender que, desde nuestra alimentación y consumo, el impacto sobre el clima, la biodiversidad y el suelo, nuestro bien común, tiene un efecto muy importante.


Ojalá les haya dejado, queridos y queridas lectoras, el interés y la inquietud por la proveniencia de la comida de su plato, partiendo desde el mismo suelo hasta su cocina

Bibliografía

Carrera Ríos, B., & Kucharz, T. (noviembre de 2006). Las insostenibilidad de los monocultivos agro-industriales. Obtenido de https://www.ecologistasenaccion.org/: https://spip.ecologistasenaccion.org/IMG/pdf/Las_insostenibilidad_de_los_monocultivos_agroalimentarios.pdf

Expansión de monocultivos a gran escala pone en peligro la pequeña agricultura en AL. (abril de 2014). Obtenido de https://derechoalimentacion.org/: https://derechoalimentacion.org/noticias/expansi-n-de-monocultivos-gran-escala-pone-en-peligro-la-peque-agricultura-en-al

Fundación para el Debido Proceso DPLF). (septiembre de 2017). Organizaciones de Centroamérica denuncian ante la CIDH impacto de monocultivos y agrotóxicos en los derechos humanos. Obtenido de http://www.dplf.org/: http://www.dplf.org/es/news/organizaciones-de-centroamerica-denuncian-ante-la-cidh-impacto-de-monocultivos-y-agrotoxicos-en

Galvez, J. A. (2014). Perfil del agro y la ruralidad de Guatemala: situación actual y tendencias. Universidad Rafael Landívar. Instituto de Agricultura; Recursos Naturales y Ambiente (IARNA). Guatemala Ciudad: Cara Parens: IICA.

Gutierrez, J. (s.f.). Revolución verde. Obtenido de http://www.dicc.hegoa.ehu.es/: http://www.dicc.hegoa.ehu.es/listar/mostrar/192

Jeunehomme, A. (2017). Lydia et Emmanuel Bourguignon. Obtenido de www.revue-openfield.net: https://www.revue-openfield.net/2018/07/03/lydia-et-emmanuel-bourguignon/

José Miguel, L. P. (agosto de 2016). La degradación de las tierras agrícolas en Guatemala. Obtenido de http://iia.fausac.gt/: http://iia.fausac.gt/wp-content/uploads/2016/08/PONENCIA-DEGRADACI%C3%93N-SUELOS.pdf

José Miguel, L. P. (2017). Pérdida acelerada de tierras agrícolas en Guatemala, Programa de Cambio Climático, Facultad de Agronomía, USAC. Obtenido de https://issuu.com/ipnusac/docs/revista_edici__n_101/117

Messa, Marta. (2016). El suelo, Análisis de Slow Food. Obtenido de www.slowfood.com: https://www.slowfood.com/sloweurope/wp-content/uploads/SPA_suolo.pdf

Shiva, V. (2016). Monsanto Merges with Bayer, “Their Expertise is War”. Shady Historical Origins, IG Farben, Part of Hitler’s Chemical Genetic Engineering Cartel, Global Research, Centre for Research on Globalization (CRG). Obtenido de www.globalresearch.ca: https://www.globalresearch.ca/monsanto-merges-with-bayer-their-expertise-is-war-shady-historical-origins-ig-farben-part-of-hitlers-chemical-genetic-engineering-cartel/5546121Suelos y Biodiversidad. Los suelos albergan una cuarta parte de la biodiversidad de nuestro planeta. (2015). Obtenido de www.fao.org: http://www.fao.org/3/a-i4551s.pdf

Referencias

  1. http://www.fao.org/soils-2015/
  2. http://www.fao.org/publications/card/en/c/59b5336f-0ae7-46c4-8d72-2fe2748723cb/
  3. https://www.slowfood.com/es/quienes-somos/nuestra-historia/
  4. https://www.slowfood.com/es/quienes-somos/nuestra-filosofia/
  5. Messa, 2016, p.3
  6. Ibid.
  7. Ibíd
  8. Messa, op. cit., p.11
  1. Shiva, 2016
  2. Ibíd
  3. Messa, op. cit., p.11
  4. Ibíd.
  5. Ibíd.
  6. Ibíd.
  7. Messa, op. cit., p.4
  1. Messa, op. cit., p.12
  2. Fundación por el Debido Proceso, op. cit.
  3. Leiva Pérez, Pérdida acelerada de tierras agrícolas en Guatemala, Programa de Cambio Climático, Facultad de Agronomía, USAC., 2017

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